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lunes, 20 de noviembre de 2017

Preludio a la Revolución

En los años previos a la Revolución ya se empezaba a notar la oposición al régimen porfiriano. Por un lado opositores como los hermanos Flores Magón, los hermanos Serdán y la familia Madero ya hacían campaña para sacar a don Porfirio del poder. Por el otro lado, ya había brotes de insurrección en el país siendo la rebelión de Tomochic y las huelgas de Cananea y Río Blanco los más importantes. Ya se notaban entonces claras señales de desgaste del régimen de Porfirio Díaz, pero tal parece que fueron ignoradas de forma olímpica. El general oaxaqueño se sentía indispensable para la pacificación del país y a la larga este detalle sería su perdición. Sin embargo, nadie notaba de aquella época notaba que el país en poco tiempo se llenaría de sangre, ni siquiera en septiembre de 1910 con las fiestas del Centenario de la Independencia o el paso del cometa Halley en ese mismo año. Y sin embargo, casi dos meses después sería publicado el Plan de San Luis, escrito por Francisco I. Madero para llamar a la rebelión armada en contra de Díaz.
En primer lugar, Madero, como ya se ha hablado en este espacio, estaba influido por las corrientes espiritistas muy de moda entonces. A don Panchito y sus partidarios solo les importaba la cuestión de la sucesión presidencial ya que el presidente Díaz ya estaba viejo. Lo demás venía de las “pláticas” que Madero tenía con los espíritus, lo que se supone sería el origen de la vena redentora del caudillo. Recordemos que la familia Madero se había opuesto a la imposición del gobernador de Coahuila por parte del presidente Díaz y su hombre fuerte en el noreste que era Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León. Esto sucedió dos veces, no solo una. Otro detalle que es importante para entender el periodo previo a la Revolución es que los funcionarios públicos de todos los niveles fueron nombrados con el visto bueno del presidente. Para dar detalle de esto, José Ives Limantour era el más joven del grupo de los “científicos” (así era llamado el grupo partidario de Díaz) tenía poco más de 50 años de edad. Con todo la anterior no es sorprenderse que todos estaban pendientes de la sucesión presidencial, más después de las palabras concedidas por Díaz al periodista norteamericano James Creelman en 1908 en la famosa entrevista. En ella afirmaba que el país ya estaba maduro para la democracia y esto sirvió de pretexto para Madero y otros opositores al régimen para fundar sus propios partidos políticos, aunque ya llevaban bastante tiempo financiando diarios opositores al régimen.
En segundo lugar están las insurrecciones ocurridas antes de 1910 y que son importantes para dimensionar el problema. La primera de ellas fue la Rebelión de Tomochic ocurrida entre diciembre de 1891 y octubre de 1892. En este evento tan desafortunado los pobladores de Tomochic se levantaron en armas en contra del gobierno central por los despojos de tierras y la pérdida de autonomía. Los pobladores se atrincheraron y esto provocó que las tropas federales masacraran a la población. La segunda insurrección ocurre en 1906 siendo esta la huelga de Cananea, Sonora. Básicamente los desencadenantes de la insurrección fueron las condiciones laborales paupérrimas y la discriminación de los patrones en favor de los norteamericanos. Este motivó incluso a que el dueño de la compañía, un norteamericano, llamara a las tropas de su país para poner orden. Entre los huelguistas estaba el Manuel M. Diéguez, que después sería oficial de las tropas de Álvaro Obregón. La huelga de los tejedores de Río Blanco, Veracruz tuvo un origen más trivial: los patrones impedían a los trabajadores recibir visitas en las casas que tenían habilitadas por parte de la compañía. Los resultados fueron los mismos que en Cananea: una represión terrible con los mismos muertos y heridos. Es decir, se estaba cumpliendo lo que profetizó Sebastián Lerdo de Tejada cuando partió al exilio una revolución social iba a tirar al gobierno del general Díaz, aunque no le atinó al tiempo.

Con lo anterior se ve que los ánimos estaban calientes desde años antes del inicio de la Revolución. Antes de esta había una gran cantidad de periódicos que se oponían al régimen. “El Ahuizote”, “Regeneración” y “El hijo del Ahuizote” y otros tantos más sirvieron para hacer crítica al gobierno. Es cierto que el sistema en aquel entonces no era perfecto, sin embargo, sí era perfectible. Madero no midió las consecuencias de sus acciones, es decir, no dudo de sus buenas intenciones, pero soltó un tigre que era difícil sino imposible de controlar. Con sus acciones, Madero lo único que hizo fue revivir los golpes de estado a una escala nunca vista anteriormente. El asesinato se convirtió en una manera de quitar a los enemigos y al final hizo que la corrupción se convirtiera en un mal generalizado. Con lo anterior hay que aclarar que si madero en lugar de buscar la amada silla se hubiese dedicado a promover las reformas de avanzada que se necesitaban en lugar de ensangrentar al país durante más de dos décadas, otra sería la historia. También hay que observar que Porfirio Díaz cometió el grave error de sentirse indispensable para la paz y la estabilidad del país y como todo dictador, se equivocó de manera escandalosa. Como quiera que sea, la Revolución destruyó al régimen que pudo haber transformado a nuestra nación en un país desarrollado. Esto es porque no se debe olvidar que en la época del Porfiriato la agenda social no era algo que fuera tomado en cuenta por el gobierno: basta con ver Francia, Estados Unidos y la Inglaterra Victoriana, y sin embargo muchos de los gobernantes de esos países son vistos con grandeza. Y dado esto, hay que dejar de juzgar los hechos del pasado con los criterios de la época actual.     

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