En los años previos a la
Revolución ya se empezaba a notar la oposición al régimen porfiriano. Por un
lado opositores como los hermanos Flores Magón, los hermanos Serdán y la
familia Madero ya hacían campaña para sacar a don Porfirio del poder. Por el
otro lado, ya había brotes de insurrección en el país siendo la rebelión de
Tomochic y las huelgas de Cananea y Río Blanco los más importantes. Ya se
notaban entonces claras señales de desgaste del régimen de Porfirio Díaz, pero
tal parece que fueron ignoradas de forma olímpica. El general oaxaqueño se sentía
indispensable para la pacificación del país y a la larga este detalle sería su perdición.
Sin embargo, nadie notaba de aquella época notaba que el país en poco tiempo se
llenaría de sangre, ni siquiera en septiembre de 1910 con las fiestas del
Centenario de la Independencia o el paso del cometa Halley en ese mismo año. Y sin
embargo, casi dos meses después sería publicado el Plan de San Luis, escrito
por Francisco I. Madero para llamar a la rebelión armada en contra de Díaz.
En primer lugar, Madero,
como ya se ha hablado en este espacio, estaba influido por las corrientes
espiritistas muy de moda entonces. A don Panchito y sus partidarios solo les
importaba la cuestión de la sucesión presidencial ya que el presidente Díaz ya
estaba viejo. Lo demás venía de las “pláticas” que Madero tenía con los espíritus,
lo que se supone sería el origen de la vena redentora del caudillo. Recordemos que
la familia Madero se había opuesto a la imposición del gobernador de Coahuila
por parte del presidente Díaz y su hombre fuerte en el noreste que era Bernardo
Reyes, gobernador de Nuevo León. Esto sucedió dos veces, no solo una. Otro detalle
que es importante para entender el periodo previo a la Revolución es que los
funcionarios públicos de todos los niveles fueron nombrados con el visto bueno
del presidente. Para dar detalle de esto, José Ives Limantour era el más joven
del grupo de los “científicos” (así era llamado el grupo partidario de Díaz)
tenía poco más de 50 años de edad. Con todo la anterior no es sorprenderse que
todos estaban pendientes de la sucesión presidencial, más después de las
palabras concedidas por Díaz al periodista norteamericano James Creelman en
1908 en la famosa entrevista. En ella afirmaba que el país ya estaba maduro
para la democracia y esto sirvió de pretexto para Madero y otros opositores al régimen
para fundar sus propios partidos políticos, aunque ya llevaban bastante tiempo
financiando diarios opositores al régimen.
En segundo lugar están
las insurrecciones ocurridas antes de 1910 y que son importantes para
dimensionar el problema. La primera de ellas fue la Rebelión de Tomochic
ocurrida entre diciembre de 1891 y octubre de 1892. En este evento tan
desafortunado los pobladores de Tomochic se levantaron en armas en contra del
gobierno central por los despojos de tierras y la pérdida de autonomía. Los
pobladores se atrincheraron y esto provocó que las tropas federales masacraran
a la población. La segunda insurrección ocurre en 1906 siendo esta la huelga de
Cananea, Sonora. Básicamente los desencadenantes de la insurrección fueron las
condiciones laborales paupérrimas y la discriminación de los patrones en favor
de los norteamericanos. Este motivó incluso a que el dueño de la compañía, un
norteamericano, llamara a las tropas de su país para poner orden. Entre los
huelguistas estaba el Manuel M. Diéguez, que después sería oficial de las
tropas de Álvaro Obregón. La huelga de los tejedores de Río Blanco, Veracruz
tuvo un origen más trivial: los patrones impedían a los trabajadores recibir
visitas en las casas que tenían habilitadas por parte de la compañía. Los resultados
fueron los mismos que en Cananea: una represión terrible con los mismos muertos
y heridos. Es decir, se estaba cumpliendo lo que profetizó Sebastián Lerdo de
Tejada cuando partió al exilio una revolución social iba a tirar al gobierno
del general Díaz, aunque no le atinó al tiempo.
Con lo anterior se ve que
los ánimos estaban calientes desde años antes del inicio de la Revolución. Antes
de esta había una gran cantidad de periódicos que se oponían al régimen. “El
Ahuizote”, “Regeneración” y “El hijo del Ahuizote” y otros tantos más sirvieron
para hacer crítica al gobierno. Es cierto que el sistema en aquel entonces no
era perfecto, sin embargo, sí era perfectible. Madero no midió las
consecuencias de sus acciones, es decir, no dudo de sus buenas intenciones,
pero soltó un tigre que era difícil sino imposible de controlar. Con sus
acciones, Madero lo único que hizo fue revivir los golpes de estado a una
escala nunca vista anteriormente. El asesinato se convirtió en una manera de
quitar a los enemigos y al final hizo que la corrupción se convirtiera en un
mal generalizado. Con lo anterior hay que aclarar que si madero en lugar de
buscar la amada silla se hubiese dedicado a promover las reformas de avanzada
que se necesitaban en lugar de ensangrentar al país durante más de dos décadas,
otra sería la historia. También hay que observar que Porfirio Díaz cometió el
grave error de sentirse indispensable para la paz y la estabilidad del país y
como todo dictador, se equivocó de manera escandalosa. Como quiera que sea, la
Revolución destruyó al régimen que pudo haber transformado a nuestra nación en
un país desarrollado. Esto es porque no se debe olvidar que en la época del
Porfiriato la agenda social no era algo que fuera tomado en cuenta por el
gobierno: basta con ver Francia, Estados Unidos y la Inglaterra Victoriana, y
sin embargo muchos de los gobernantes de esos países son vistos con grandeza. Y
dado esto, hay que dejar de juzgar los hechos del pasado con los criterios de
la época actual.
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