Venustiano Carranza es un
personaje un tanto controvertido en la historia de nuestro país al no haber
querido la redacción de la Constitución de 1917. Algo acomodaticio, sin embargo
me temo que Carranza tenía una agenda política y social un tanto distinta a la
de Madero, es decir, antes que nada el coahuilense era carrancista. Entonces tampoco
hay que negar que Carranza era ciertamente un conservador, ya que era un
hacendado ganadero en el estado de Coahuila. Carranza había colaborado tanto
con el régimen de Díaz y después con Madero, y ambos personajes veían a don
Venus con cierta desconfianza. Para Madero “Carranza era un viejo pachorrudo
que pedía permiso a un pie para adelantar el otro”. Sin embargo, les puedo
decir que Carranza le dio a su paisano: “Revolución que tranza se suicida”, en
referencia a las concesiones hechas por Madero a los porfiristas como el
interinato de León de la Barra y el haber licenciado a las tropas revolucionarias
y no a las federales.
Empecemos por el
principio: Venustiano Carranza Garza nació en 29 de diciembre de 1859 en Cuatro
Ciénegas, Coahuila. Su padre había sido un militar destacado durante la Reforma
y la Intervención Francesa e incluso tuvo un reconocimiento por parte del
presidente Benito Juárez. Venustiano intentó segur los pasos de su padre, pero
una enfermedad en los ojos se lo impidió. Entonces fue cuando se dedicó a la política
y fue presidente municipal de Cuatro Ciénegas. Fue en ese entonces cuando el
presidente Porfirio Díaz intentó imponer como gobernador a un tal Garza Galán, al que se oponían incluso los miembros de la familia Madero. También el
procónsul del general oaxaqueño en el noreste, Bernardo Reyes, intentó imponer
a su candidato, pero ninguno los dos candidatos fue electo. En ese momento,
tanto Carranza como don Evaristo Madero, abuelo de don Panchito, se oponían un
tanto a la política de Porfirio Díaz, pero don Evaristo también desconfiaba del
Barón de Cuatro Ciénegas. La verdad es que el modo de hacer política de
Carranza siempre fue bastante peculiar, y esto se vería en los años venideros,
empezando por, un mes después del asesinato de Francisco I. Madero.
En marzo de 1913, cuando
Carranza promulga en Plan de Guadalupe donde llama a la rebelarse contra
Victoriano Huerta, no se plasman de ninguna manera reformas sociales. Las razones
que manifiesta el Primer Jefe es que si ponía reformas sociales, nadie querría
ir a luchar de este modo. Sin embargo, no estaba de acuerdo con hacer reformas sociales
de gran envergadura. E incluso tuvo que aceptar a regañadientes la alianza de
Álvaro Obregón con la Casa del Obrero Mundial para formar los batallones rojos
del Ejército Constitucionalista. Cabe destacar que el Barón de Cuatro
Ciénegas era un profundo admirador de
Benito Juárez y buscó por todos los medios emular sus acciones. En cierto modo lo
hizo, puesto que nunca tuvo un ejército propio y dependía de otros que sí tenían
talento militar para ganar poder. Esto, junto con el programa social de la
División del Norte y el zapatismo contribuyó a que el Barón tuviera roces con
Francisco Villa y Emiliano Zapata que terminaron en rencillas irreconciliables
entre los principales líderes de la Revolución. Estas diferencias se acentuaron
luego de la Toma de Zacatecas, el 23 de junio de 1914, y la Convención de
Aguascalientes en octubre de ese mismo año. De hecho, Carranza abandonó la
Convención a los pocos días y después envió a Pablo González y Álvaro Obregón
en contra de Zapata y Villa, derrotando a ambos caudillos de forma aplastante.
Carranza fue un enemigo
implacable de las causas populares durante su mandato presidencial y de hecho
sus diputados en el congreso constituyente de Querétaro de 1916 a 1917 se
opusieron a hacer reformas sociales de gran envergadura. Sin embargo, el ala
jacobina de los constituyentes, dirigida por Álvaro Obregón, eran mayoría y
ellos estaban de acuerdo con las reformas sociales radicales. Quizá por esto
fue lo que motivó al Barón de Cuatro Ciénegas a no promover la candidatura de
Obregón en 1920. Antes de eso, en 1917 se produjo una hambruna en todo el país como
consecuencia de la inactividad del campo durante la guerra contra Huerta. Hubo una
inflación generalizada y los obreros se lanzaron a protestar. Como consecuencia,
Carranza revivió una ley de 1862 en la que se castigaba con la muerte a los
trabajadores que incitaran a la huelga. En otro punto, en el año de 1919 se
produjeron las muertes de Felipe Ángeles y Emiliano Zapata, graves errores que
le costarían prestigio a Carranza. Además, su sequito tenia uñas muy largas, de
ahí es de donde viene el verbo “carrancear”. El fin de Carranza se dio por la
ingratitud del Primer Jefe hacia Álvaro Obregón, que quería ser su sucesor en
la presidencia. Desde luego que el ejército no acepto la candidatura de Bonillas
y es cuando el Manco de Celaya lanza el Plan de Agua Prieta, Sonora. En él se desconocía
a Carranza como presidente y este último, temiendo por su vida, huye hacia
Veracruz, pero en el camino los reaccionarios vuelan la vía y es entonces que
se ve obligado a ir a caballo hasta Tlaxcalantongo, Puebla. Ahí fue ultimado en
la madrugada del 20 de mayo de 1920. Como podemos ver, Carranza era un
personaje bastante maquiavélico, con sus enemigos no tuvo misericordia además de
que pagó a sus subordinados con la más abyecta ingratitud. Y así abundan
personajes de este tipo en las páginas de la historia de nuestro país.
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